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¡Oh Musa!
(Las Fuentes de la Inspiración)

¡INSPIRATE A TI MISMO! – exhorta nuestro Oráculo – A las musas se las llama, no se las encuentra… ¡Vive y sé el recipiente de la Vida! Sé la Obra y Sé el/la Artista.
Bebe de la Fuente, medra, crea y recréate a ti mismo/a. Crear para Creer.
Vive del Olimpo, espejo de tu hondura y dinamismo (mental, sensitivo-instintivo y expresivo).
Tres precondiciones: Memoria (Mnemea), Meditación (Meletea) y Trans-misión (Aedea).

«La inspiración existe, pero tiene que pillarte trabajando.
No creo en las musas que aparecen de forma caprichosa» (Picasso)

Todas las formas vivas, incluida la nuestra, respiran: inhalan y exhalan, inspiran y expiran. ¿Qué sería del mundo sin su Inspiración? ¿Con qué idea/les, valores o revelaciones sintonizan nuestras mentes? ¿Es tu vida verdadera “Vida” cuando no la inspiras?

Jornadas estivales en el alto Norte de los montes de Facinas, frente al Sur, al aroma de los mares que se funden en el Estrecho, donde dialogan los continentes y los contenidos, la forma y la sustancia. Donde las cúpulas conversan con las caravanas (de hormigas, de ruedas, de vientos y de ensueños, de croares y gorjeos, de cantos y silencios). Donde el lago de los/as dioses/as, de las lluvias que perduran y las fuentes que manan espontáneas. Donde lo humano Danza su Vivencia sin prisas y sin pausas, bajo el Hiperión dorado y el platear de estrellas cuando las sombras de Urania desvelan el Misterio… Donde la naturaleza revela su secreto ostensible y gozoso.

«Háblame, oh Musa, de aquél/lla de multiforme ingenio…»
(Canto I de la Odisea, Homero)

Donde el carro de Voarte (cuyas siglas inspiran reconectar con la Vida como la Obra de Arte constante que es “ensigomisma”) humaniza, naturaliza las terapias volviendo la actitud hacia lo orgánico, donde el contacto directo con el Ser corporizado se auto-regula, revitaliza y armoniza. Donde las almas se nutren viceversas, donde entre sí confluyen, dialogan y se hermanan las diversas disciplinas creativas como musas inherentes a lo humano: ¡las Artes que sanan en sí mismas!

«Arte es la contemplación del mundo en estado de gracia» (Herman Hess)

Donde cada quien se detecta a sí y a cada quien más amplio, prueba sus mañas, osa liberar su “genio” reprimido, despierta destrezas cohibidas o aletargadas, se entrega a las corazonadas sin condiciones ni juicios para devolverse a lo más inmenso y genuino de su verdad en esencia.
Donde nuestra simple existencia es la experiencia sublime y creativa del ser. De lo Estético a lo Extático. Revisitar nuestra cuna materna, la civilización griega, que se afanaba en la “gloria” de cada humano, ya no comporta el tanto afán de “ser recordado” como el de atreverse a conectar con la mayor de las riquezas: “recordarse” a sí mismo/a.

En los dominios de las Artes, como un infinito posible entre el Cielo y la Tierra (Eter y Gea), las musas infieren la belleza e inteligencia con que es hecho el universo, alentándonos el espíritu sagrado y unitario de la Creación (Poiesis). Revelan nuestro Humano Divino, ser intuitivo y trascendente que todo lo respira, lo alivia, lo embellece, lo adivina, lo refleja y lo inmuniza.

«Ni la elevada inteligencia, ni la imaginación, ni ambas dos cosas en conjunto hacen al genio. ¡Amor!, ¡Amor!, ¡Amor!. He aquí el alma del genio» (W. A. Mozart)

Amplitud de horizontes. De la Nada al Todo. Abrir la puerta al Artista que anida en cada uno/a. Desarticular convenciones, desbaratar convicciones adheridas del entorno (alienaciones culturales, sociales, familiares…), destronar monoteísmos y creencias, volver al flujo absoluto y polícromo de nuestra existencia, sin lindes, plagada de Poesía por sus cuatro costados. Esculpir nuestro épico momento, ser Actores y Co-autoras/es del Teatro Vivo que es la Vida (Gea y Urano en cada uno/a, participantes de un Universo múltiple). Sonoramente, vibrantes, inspirados en lo grande y lo pequeño… hijas e hijos danzantes sobre el blanco lienzo de la Gran Música de la Existencia.

«Solamente cuando nos perdemos por los musicales senderos de la selva panida [vamos, donde tocaba la flauta el dios Pan], podemos oír los pasos y evocar la sombra del desconocido que va con nosotros» (“La lámpara maravillosa”, Valle-Inclán)

Es el Arte (de no-ser a Ser) nuestra vía de auto-realización. Las Artes nos devuelven al origen y al juego de la mayúscula Vida, al sentido de cultivarse a lo ancho y a lo alto, lo mismo al Vanguardismo que al Panhelenismo perdido, lo mismo en lo palpable de lo humano que en su intrínseco y simbólico divino (no como algo externo en otro espacio, sino coexistente al cotidiano). Memoria, entendimiento y voluntad… El re-conocimiento consciente, admirativo y práctico de que Vivimos ya en el Paraíso.

«¿Cómo veremos esta belleza inmensa que queda de alguna manera en el interior de los santuarios y que no se adelanta hacia fuera para dejarse ver por los profanos?
(…) ¿Cómo podemos ver esa belleza del alma buena? Vuelve a ti mismo y mira: si todavía no ves la belleza en ti, haz como el escultor de una estatua que tiene hacerse bella; él quita lo superfluo, endereza lo que es oblicuo, limpia lo que es oscuro para hacerlo brillante y no dejes de esculpir tu propia estatua, hasta que el resplandor divino de la virtud se manifieste, hasta que veas la templanza sentada en su trono sagrado»
(Plotino, Enéada 1,68, “De lo bello”)